NO CONFUNDAMOS ASPIRACIONES CON AMBICIONES
Por: José Núñez Germosén
Periodista, Abogado,
Subsecretario comunicaciones del PLD
Una reflexión para la familia peledeísta
“Hay silencios que construyen. Pero también existen silencios que terminan siendo cómplices de los errores. Hoy decidí romper el mío.”
No escribo estas líneas para favorecer a un aspirante, ni para perjudicar a otro. Mucho menos para buscar protagonismo. Escribo porque amo profundamente al Partido de la Liberación Dominicana y porque estoy convencido de que todavía estamos a tiempo de evitar errores que ya una vez nos costaron demasiado caro.
Las elecciones del año 2024 dejaron una de las lecciones más dolorosas en la historia reciente del PLD. Los 453,468 votos obtenidos no representan una meta alcanzada ni una cifra para sentirnos conformes. Representan una derrota que debe obligarnos a hacer un ejercicio serio de reflexión.
Sería un grave error intentar disfrazar esa realidad. Esa votación fue la consecuencia de decisiones equivocadas, de conflictos internos, de la pérdida de confianza de muchos ciudadanos y de un distanciamiento que nunca debimos permitir entre el partido y la sociedad dominicana.
Los partidos que no aprenden de sus derrotas están condenados a repetirlas.
Pero así como debemos reconocer nuestros errores, también tenemos el deber de valorar lo que se ha logrado después de aquella derrota. Durante el último año, el Partido de la Liberación Dominicana ha iniciado un proceso de recuperación política que pocos imaginaban posible en tan poco tiempo.
Ese reposicionamiento no nació de la casualidad. No fue producto de una estrategia publicitaria ni de una campaña de imagen. Fue el resultado del trabajo incansable de miles de compañeros y compañeras que nunca abandonaron la organización. Hombres y mujeres que recorrieron barrios, municipios, distritos municipales y provincias defendiendo las ideas del partido cuando muchos pensaban que todo estaba perdido.
A ellos les pertenece una parte importante de este renacer.
También sería mezquino no reconocer el trabajo realizado por nuestro secretario general, Johnny Pujols, quien ha asumido con responsabilidad la tarea de reorganizar, dinamizar y fortalecer la estructura partidaria, manteniendo un contacto permanente con la dirigencia y las bases. Su labor ha contribuido a devolver confianza y entusiasmo a una organización que necesitaba reencontrarse consigo misma.
Sin embargo, ahora comienza la etapa más delicada.
Hoy existen dirigentes con méritos, experiencia y trayectoria que legítimamente aspiran a representar al PLD en las elecciones de 2028: Abel Martínez, Francisco Javier García, Gonzalo Castillo y Francisco Domínguez Brito. Todos tienen el derecho de presentar sus propuestas y de buscar el respaldo de la militancia.
Pero quiero decir algo con absoluta franqueza.
Ninguno de ellos está por encima del Partido.
La dirigencia debe comprender que la militancia está observando cada paso. Cada declaración, cada fotografía, cada reunión y cada mensaje que proyecte división será interpretado por una base que ya conoce las consecuencias de las luchas internas.
No podemos volver a cometer el mismo error.
La consulta interna pautada para el 18 de octubre no puede convertirse en una guerra de grupos ni en una competencia de egos. Debe convertirse en una demostración de madurez política.
Quien gane deberá hacerlo con humildad.
Quien no resulte favorecido deberá actuar con grandeza.
Y todos, absolutamente todos, tendrán la obligación moral de salir unidos al día siguiente.
Porque la verdadera victoria no será obtener una candidatura.
La verdadera victoria será preservar la unidad del Partido de la Liberación Dominicana.
Juan Bosch jamás concibió el PLD como un escenario para alimentar proyectos personales. Lo fundó como una escuela de formación política, disciplina, honestidad, desprendimiento y servicio al pueblo. Quienes hoy tenemos el privilegio de militar en esta organización estamos obligados a honrar ese legado con hechos y no únicamente con discursos.
No basta con citar a Bosch en una actividad. Hay que practicar sus enseñanzas cuando más difícil resulta hacerlo.
También es justo recordar que los gobiernos encabezados por el presidente Danilo Medina dejaron una huella importante en el desarrollo nacional. La estabilidad económica, la revolución educativa, el fortalecimiento del sector agropecuario, la inversión en infraestructura y los programas sociales forman parte de un legado que aún permanece en la memoria de millones de dominicanos.
Pero ese legado, por sí solo, no nos devolverá la confianza del pueblo.
La gente no votará únicamente por lo que hicimos.
También observará cómo nos comportamos ahora.
Si volvemos a proyectar división, intolerancia o enfrentamientos internos, estaremos enviando el peor mensaje posible al país.
Por eso este llamado no va dirigido únicamente a quienes aspiran.
Va dirigido a toda la dirigencia nacional, provincial, municipal e intermedia.
Va dirigido a quienes ocupan posiciones de responsabilidad.
Va dirigido a quienes tienen influencia dentro de nuestra organización.
No permitamos que los intereses particulares vuelvan a imponerse sobre el interés colectivo.
El PLD ya pagó un precio demasiado alto por los errores del pasado.
No tiene sentido volver a recorrer el mismo camino esperando un resultado diferente.
Todavía estamos a tiempo.
Todavía podemos demostrar que aprendimos.
Todavía podemos enviarle al pueblo dominicano el mensaje de que el Partido de la Liberación Dominicana recuperó la madurez, la disciplina y la capacidad de colocar la institución por encima de cualquier nombre.
Porque los hombres pasan.
Los liderazgos cambian.
Las candidaturas terminan.
Pero el partido debe permanecer.
La historia será quien nos juzgue.
Y ojalá, cuando llegue ese momento, no tengamos que reconocer, con dolor, una verdad que pudo evitarse:
Más pudo el interés que el amor que le tenían al Partido.
