El avance de la ultraderecha redefine el mapa político en Europa
Bruselas. – El ascenso de partidos de ultraderecha está transformando el panorama político europeo y debilitando el predominio de las fuerzas tradicionales. Crisis económicas, flujos migratorios, desconfianza hacia las élites y un creciente euroescepticismo han abierto espacio a movimientos nacionalistas que hoy ganan terreno en las urnas y en las instituciones comunitarias.
En Alemania, el partido Alternativa para Alemania (AfD) alcanzó un histórico 20,8 % en las elecciones federales de 2025, consolidando su lugar como fuerza política clave en el Bundestag. En Portugal, la agrupación Chega se convirtió en la principal fuerza opositora al superar al Partido Socialista, un hecho inédito en la política lusa.
La estrategia del “cordón sanitario” que durante años buscó aislar a la ultraderecha empieza a resquebrajarse, con gobiernos y coaliciones que ya integran o dependen de estos partidos para sostener mayorías. En Francia, la figura de Marine Le Pen mantiene un fuerte respaldo popular pese a las controversias judiciales que la rodean, mientras en Europa Central el regreso del empresario checo Andrej Babiš refuerza el bloque de líderes populistas y euroescépticos.
El fenómeno no se limita a casos aislados: en Hungría, el primer ministro Viktor Orbán continúa consolidando un modelo de poder iliberal, y en países como España e Italia los discursos nacionalistas y antiinmigración han ganado espacio en el debate público.
Las consecuencias son de gran calado. En el Parlamento Europeo, la influencia de la ultraderecha podría frenar consensos en políticas migratorias, medioambientales y de defensa común. Al mismo tiempo, crece la polarización social y el cuestionamiento a las instituciones supranacionales.
Europa se encuentra así en una encrucijada: resistir el empuje de estas fuerzas o adaptarse a un nuevo equilibrio en el que la ultraderecha deje de ser un actor marginal para convertirse en protagonista de la política continental.
