Obesidad: la pandemia silenciosa del siglo XXI
Santo Domingo. – La obesidad se ha convertido en uno de los mayores desafíos de salud pública a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 1.000 millones de personas en el planeta viven con obesidad, una cifra que se ha triplicado desde 1975. Lo que antes se percibía como un problema exclusivo de países desarrollados, hoy afecta con igual o mayor fuerza a las naciones de ingresos medios y bajos, donde la transición alimentaria y los estilos de vida sedentarios han disparado las estadísticas.
Un problema que crece en silencio
En República Dominicana, las encuestas nacionales de salud señalan que más del 30 % de los adultos presenta obesidad y cerca del 20 % sobrepeso. Estas cifras son alarmantes no solo por el aumento sostenido, sino también por las complicaciones asociadas: la obesidad multiplica el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
Los especialistas advierten que no se trata únicamente de un tema estético, sino de una condición crónica y multifactorial que demanda atención urgente. La genética, los patrones de alimentación, la falta de actividad física, los entornos urbanos poco saludables y hasta factores psicológicos inciden en su desarrollo.
Costos sociales y económicos
El impacto de la obesidad trasciende el ámbito de la salud. Estudios internacionales estiman que esta condición representa hasta un 3 % del Producto Interno Bruto (PIB) en gastos médicos directos e indirectos. En el caso dominicano, la carga económica recae sobre un sistema de salud que ya enfrenta limitaciones estructurales.
El ausentismo laboral, la reducción de la productividad y el aumento de los costos en medicamentos para tratar enfermedades asociadas convierten a la obesidad en un problema de primer orden, que compromete no solo la salud de los ciudadanos, sino también la sostenibilidad de la economía.
Entre la prevención y la realidad
Las políticas públicas han intentado responder a este reto con campañas de concienciación, regulaciones sobre la publicidad de alimentos ultraprocesados y programas escolares de educación nutricional. Sin embargo, los resultados han sido limitados. La abundancia de comida rápida a bajo costo, la falta de espacios seguros para ejercitarse y la débil cultura preventiva siguen siendo obstáculos de peso.
Expertos en nutrición insisten en que la clave está en cambiar hábitos desde la infancia, promoviendo la lactancia materna, una alimentación equilibrada y la actividad física regular. Pero el cambio también requiere un compromiso colectivo: familias, escuelas, sector privado y autoridades deben articular esfuerzos para crear entornos más saludables.
La obesidad como reto cultural
Más allá de lo clínico y económico, la obesidad también refleja un cambio cultural. La globalización de dietas hipercalóricas, sumada a la pérdida de tradiciones culinarias más saludables, ha transformado la forma en que nos alimentamos. El resultado es una paradoja: vivimos en una era de abundancia alimentaria, pero esa abundancia está enfermando a millones de personas.
La obesidad es, en definitiva, una pandemia silenciosa que avanza con rapidez y cuyos efectos se sentirán durante décadas si no se adoptan medidas más firmes. El reto no es solo reducir cifras, sino devolver a la población la posibilidad de vivir más y mejor.
