La delincuencia se apodera de los barrios en las noches
Santo Domingo.- El miedo volvió a ser rutina en los barrios. Cuando cae la noche, las calles se vacían, los colmados bajan sus persianas más temprano y los vecinos se asoman apenas entre las rendijas de sus ventanas. La sensación de inseguridad se ha convertido en parte del paisaje urbano: nadie quiere ser la próxima víctima de un atraco.
“Después de las ocho no se puede salir ni a la esquina”, comenta Rosa Martínez, residente en el sector de Los Mina, quien confiesa que ahora prefiere enviar a sus hijos a comprar antes de que oscurezca. “Aquí uno vive con el corazón en la boca”, dice.
En sectores populares como Capotillo, Cristo Rey, Villa Mella y La Ciénega, la historia se repite. Las patrullas policiales son escasas, y los delincuentes aprovechan la oscuridad y la falta de vigilancia para operar libremente. Los motorizados, muchas veces con cascos cerrados y sin placas visibles, son el terror de los transeúntes y choferes.
“Nos sentimos abandonados”, asegura un comerciante que pidió mantener el anonimato. “Las autoridades solo vienen cuando hay un operativo o después de una tragedia. Mientras tanto, tenemos que cuidarnos entre nosotros”.
Los vecinos relatan que el sonido de disparos es común y que la gente ha aprendido a reconocer cuándo es mejor no mirar hacia afuera. En algunos barrios, se han formado rondas vecinales para vigilar las calles, pero el temor sigue siendo más fuerte que la esperanza.
A pesar de los operativos anunciados por la Policía Nacional, la delincuencia parece adaptarse a cada estrategia. Lo que antes era un robo ocasional se ha convertido en una amenaza permanente. Las redes sociales se llenan a diario de denuncias y videos de asaltos, mientras la población exige acciones más contundentes.
En los barrios del país, la noche ya no es sinónimo de descanso, sino de alerta. La gente se encierra temprano, confiando en que el amanecer traiga un respiro… y no otra historia de miedo.
