La guerra fría del PRM: los “presidenciables” se lanzan al ruedo con estrategias, encuestas y fuego amigo
SANTO DOMINGO.– A casi tres años de las elecciones de 2028, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) atraviesa una batalla interna que, aunque nadie admite públicamente, ya marca el pulso del poder político en la República Dominicana.
Ministros, altos funcionarios y figuras clave del entorno presidencial han pasado de la prudencia a la acción. Se mueven, tejen alianzas, colocan vallas discretas, miden simpatías con encuestas privadas y afilian operadores políticos en todo el territorio nacional.
El relevo del presidente Luis Abinader, quien ha reiterado que no buscará un nuevo mandato, se ha convertido en el premio más codiciado del tablero político dominicano.
Los aspirantes y sus movimientos
En la primera línea aparecen nombres conocidos.
David Collado, ministro de Turismo, mantiene un perfil institucional, pero con un nivel de exposición mediática que supera al de la mayoría de los ministros. Sus giras por las provincias, la cercanía con empresarios y su discurso “postideológico” lo colocan como una figura presidencial con atractivo fuera del núcleo partidario.
Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional, combina gestión con presencia mediática, respaldada por la estructura histórica del apellido Mejía y un estilo conciliador que le permite moverse sin despertar grandes resistencias internas.
Raquel Peña, vicepresidenta de la República, se ha convertido en una figura de confianza del presidente Abinader y proyecta continuidad, estabilidad y orden institucional. Su entorno trabaja en silencio, pero con disciplina.
En el plano operativo, Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón (Dirección General de Aduanas) ha intensificado contactos con dirigentes provinciales, mientras Wellington Arnaud (INAPA) multiplica inauguraciones y visitas comunitarias.
También figuran Tony Peña Guaba, Guido Gómez Mazara, Víctor de Aza y Roberto Fulcar, todos con movimientos internos visibles y aspiraciones ya comentadas en los pasillos del partido oficialista.
El ambiente: nerviosismo, desconfianza y encuestas cruzadas
Fuentes internas consultadas por Las Primicias confirman que ya hay equipos políticos formales trabajando para varios de estos aspirantes. Algunos incluso han contratado consultores internacionales y empresas encuestadoras para medir percepción, simpatía y viabilidad electoral.
“Todos dicen que no están en eso, pero las encuestas se están haciendo y el dinero se está moviendo”, comentó un dirigente del Comité Nacional del PRM bajo condición de anonimato.
Otro reveló que “hay funcionarios que no solo están promoviendo su figura, sino que usan recursos institucionales para ganar visibilidad política, lo que genera incomodidad en el Palacio Nacional”.
Estrategias y artimañas
En esta guerra sin proclamaciones oficiales, la comunicación y la percepción lo son todo.
Algunos aspirantes han optado por construir su imagen en redes sociales, otros por alianzas con medios tradicionales y algunos, incluso, por “filtrar” encuestas o comentarios negativos sobre sus competidores, en lo que varios dirigentes ya califican como “una campaña sucia anticipada”.
“Hay equipos que están tratando de neutralizar a los rivales con operaciones digitales, con ataques indirectos y manipulación de encuestas”, admitió un miembro del Comité Nacional del PRM. “Es una guerra silenciosa, pero real”.
El objetivo no es solo posicionarse, sino evitar que otro crezca demasiado antes de tiempo.
La posición del presidente Abinader
El presidente Luis Abinader ha intentado mantenerse al margen de la lucha interna.
En varios actos públicos ha pedido “disciplina, institucionalidad y respeto a los tiempos”, y ha insistido en que “no hay delfines ni favoritos”. Sin embargo, cada gesto, cada reunión y cada palabra suya es interpretada como una señal de respaldo o de advertencia.
En el PRM todos saben que el apoyo —o al menos la neutralidad— del presidente puede inclinar la balanza.
Por eso, sus apariciones junto a figuras como Raquel Peña o David Collado son seguidas con lupa por dirigentes y comentaristas políticos, mientras los equipos de campaña intentan leer entre líneas.
Un partido en ebullición
El PRM, que llegó al poder en 2020 y fue reelecto en 2024, vive su etapa más compleja desde su fundación: administrar el poder sin fracturarse internamente.
Analistas políticos señalan que el partido enfrenta el clásico desafío del oficialismo: cómo mantener la unidad cuando todos los líderes miran hacia la misma meta.
La situación recuerda lo ocurrido en otros partidos cuando sus figuras se adelantaron demasiado al proceso sucesoral, provocando divisiones que luego costaron el poder.
“El PRM tiene el control institucional del país, pero la unidad no está garantizada”, afirma el politólogo Ernesto Núñez. “Lo que viene no es una lucha de ideas, sino de egos y estrategias. Y en esa guerra, el tiempo es el enemigo de todos”.
El futuro inmediato
Hasta el momento, ninguno de los “presidenciables” ha hecho oficial su aspiración, pero las señales son evidentes: agendas de recorridos, alianzas territoriales, contactos con alcaldes, y una maquinaria comunicacional cada vez más activa.
Mientras tanto, en el Palacio Nacional reina la prudencia. Abinader sabe que si no controla los impulsos internos, el PRM puede terminar dividido antes de tiempo, y con ello debilitar su proyecto político más allá de 2028.
Por ahora, el panorama se resume en una frase que circula entre los propios perremeístas:
“El 2028 ya empezó, solo que nadie se atreve a decirlo en voz alta.”
